Catarsis y reconciliación

Por Raúl Flores Iriarte

Según Nara Mansur: “hay que esconder de vez en cuando la cabeza en la arena para seguir mirando. Hay que interrumpir la asamblea, escribir el documento precioso en busca de la catarsis y la reconciliación. Hay que atender a esa palabra disminuida de nuestros actos. Hay que hacer hablar (…) a nuestras parateatralidades, a nuestros mitos ciudadanos: no ningunearlos, sino estudiarlos.”

Estas palabras de Nara, pertenecientes a la primera parte de Desdramatizándome (libro publicado por la editorial Tablas Alarcos y que fuera merecedor no hace mucho del Premio de la Crítica), me vinieron a la mente el pasado 24 de mayo cuando asistí al conversatorio sobre dramaturgia contemporánea en la sala Federico García Lorca del centro cultural Dulce María Loynaz.

La oportunidad no podía ser mejor. Recién acababa Mayo Teatral cuando justo a las cuatro de la tarde comenzó a hablar Nara junto al joven dramaturgo Yerandy Fleites. Yeney de Armas actuó como conductora de este Ciclos En Movimiento que, en poco más de una hora, se encargó de traernos un poco más cerca el mundo de las tablas y las candilejas.

A manera de introducción, podemos decir que Nara Mansur no necesita mucho de introducción (valga la redundancia). Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta y Un ejercicio al aire libre por la editorial Letras Cubanas. Ganó el premio Nicolás Guillén con su libro Manualidades. Los textos pertenecientes al ya citado Desdramatizándome son bastante conocidos por gran parte del público amante de la dramaturgia. Nara impartió clases en el ISA y fue jefa de redacción de la revista Conjunto.

Yerandy Fleites, por su parte, ha publicado varias obras entre las cuales podríamos mencionar a El gallo electrónico (publicado por la editorial Sed de Belleza), Los basureros (de la editorial La Luz) y ha ganado los premios José Jacinto Milanés (por Un bello sino), Calendario (Jardín de héroes), La Edad de Oro (Balada de Jake y Mott), Reina del Mar (Partagás) y Fundación de la Ciudad de Matanzas (Mi tío el exiliado). También se encarga de impartir clases en el ISA.

La coordinadora y presentadora Yeney de Armas funcionó mucho tiempo como Jefa de Sección de Artes Escénicas en la AHS y tiene en proceso de publicación su premio Calendario de Narrativa “Rapsodia bohemia”.

Los invitados recordaron cómo comienza a surgir un nuevo panorama teatral a partir del principio de este nuevo siglo. Con la labor de la editorial Tablas Alarcos (y su revista asociada Tablas), aparecen voces distintas, nuevas expresiones dramatúrgicas que el premio Virgilio Piñera también ha ayudado a crear. Vienen  a la mente Rogelio Orizondo, Grethel Delgado, Yunior García, Roberto Viña, o Agnieska Hernández, por tan solo citar algunos casos. Jóvenes autores que han descubierto un registro distinto a nivel del texto escrito, defendiendo la dramaturgia como autonomía de la palabra frente a una escena no tan fuerte o no tan productiva.

Esta otra dramaturgia va a generar entonces otro modelo de actor pues los modelos tradicionales no le funcionan. La academia, pues, ha tenido que revisarse.

También se habló sobre el proceso de identidad. Cómo hallarse desde el presente mirando hacia el pasado para pensarse un futuro. La dramaturgia, como centro del discurso. Ente transformador de los activos teatrales: el actor, el director, la puesta en escena.

Esta cita funcionó bien como postdata para las jornadas de Mayo Teatral, para todos aquellos que se quedaron con ganas de hablar y conocer un poco más de lo que se hace y se escribe entre los jóvenes dramaturgos. Esperemos que se siga repitiendo este espectáculo y que no se ponga la cortina de acto final en la sala García Lorca, para reunirnos y ver que se produce y como se consume en este archipiélago cuando se apagan las luces y se sube el telón.

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