Los días de una casa

Por Astrid Barnet

Convocada por la prestigiosa poetisa Aitana Alberti transcurrió como de costumbre y mes tras mes,  la tertulia Fe de Vida, la que en esta ocasión tuvo como invitados al escritor y profesor Virgilio López Lemus y a la cineasta Lourdes de los Santos, quienes tuvieron a su cargo la presentación del audiovisual Los días de una casa.

“Para algunos críticos este documental es una suerte de clarinada de lo que venía por suceder en la historia de Cuba. Era como si Dulce María estuviese cantando en él algo que se desmoronaba. El propio escritor Zacarías Tallet en uno de sus escritos habla de una clase social, de una clase media que desaparece”, destacó López Lemus al iniciar su exposición.

Recalcó seguidamente que la Premio Nacional de Literatura realiza su obra lírica maestra con el poema Los días de una casa, “donde canta a una casa que se desmorona, que se está derrumbando y trata de humanizarla. La casa es testigo del dolor de una persona de edad avanzada que la habita con mucha soledad, unido a una gran falta de afecto, de compañía y, a la vez, de una gran enfermedad…Todo ello provocado por el derrumbe de una casa. Finalmente irrumpe la muerte, alguien que viene a destruirla totalmente.

“¿En cuántas casas habitó Dulce María Loynaz? Considero que en cuatro: una, en el actual municipio de Centro Habana donde nació (calle Prado); en la calle San Rafael; otra conocida como La Belinda, una especie de casa de campo donde residió junto a su primer esposo; la ubicada en Línea y Calzada –hoy, una suerte de ciudadela–, y finalmente la que ocupa nuestro centro cultural donde residió junto a su segundo esposo el periodista Pablo Álvarez de Cañas”.

Puntualizó el también reconocido investigador y crítico que “el documental Los días de una casa nos ubica en la vivienda de Línea y Calzada, una casa que necesita ser reconstruida. Esta fue la casa de la juventud de los Loynaz, la casa donde esta excelente autora escribe su obra Jardín, al igual que la de sus reuniones sociales muy selectas –las llamadas Juevinas-- junto a renombrados intelectuales de la época como Alejo Carpentier. Recordemos que la barriada de El Vedado estaba casi despoblada a finales del siglo diecinueve y principios del veinte, incluso la desembocadura del río Almendares atravesaba el patio de aquella casa-quinta rodeada de muchos árboles y con una preciosa vista del agua del río y del mar (una de las primeras de esa zona), que inicialmente perteneció a los abuelos maternos de Dulce María”.

Por su parte la cineasta Lourdes de los Santos trajo consigo el recuerdo del realizador Vicente González Castro (ya fallecido), quien tuvo la oportunidad de entrevistar a la poetisa en los años ochenta:

“Gracias a él la existencia de estas imágenes de ella relatando algunas anécdotas y aspectos sobre su vida y su obra. Ojalá pueda ser salvado un lugar de tanta significación histórica y cultural para nuestro país como es la casa de la familia Loynaz ubicada en las calles Línea y Calzada, y donde coincidieron tantos renombrados intelectuales cubanos y extranjeros de la época”.

“Sabían lo que hacían y vivían, hasta cierto punto, esa enajenación que la proyectaba hasta el pasado y la convertía en anacronismos con sus largos vestidos, con su estilo invariable, con su posición mental tan clara, tan absolutamente clara (…) Ella se iluminaba en el jardín, no con luz eléctrica, sino con luz de carburo y lámparas de keroseno (…) En el jardín de aquella casa fueron numerosos los huéspedes, entre ellos el más célebre fue el gran poeta español Federico García Lorca”. (Fragmentos de una entrevista realizada al doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, retomada años después para Los días de una casa)

“A aquella casa un pequeñísimo grupo de amigos fuimos invitados a una comida. Hora de cita: doce de la noche. Llegamos allí, mas no existía ningún arreglo; nada que pareciera la existencia de una comida…No obstante, tenían un chambelán, un sirviente de unos dos metros de alto, que le llamaban El Comodoro, quien nos recibió con unas velas y un candelabro. Al poco rato nos montaron en automóviles del año 1910, de principios de siglo. Ellos tenían varios automóviles que luego vendían y volvían a comprar otros para tenerlos como museo. Al poco rato nos dimos cuenta que estábamos rodando por La Habana –muy silenciosa a las dos de la mañana–, nadie sabía hacia dónde íbamos. Enfilamos hacia la carretera de Guanabacoa, y tomamos a la derecha hasta llegar a las inmediaciones del pueblo de Cojímar. Allí  nos hicieron bajar en las tinieblas más absolutas, para luego subir y atravesar un largo sendero hacia la cima de una montaña. Allí, en la cresta de ella, llegamos a una casa medio en ruinas que había sido quemada durante la guerra de independencia –con pedazos de escalera, de columnas, de paredes…–, hasta observar una mesa suntuosamente adornada con manteles, candelabros y cubiertos, y servida la comida más exquisita que nadie pueda imaginar”. (Fragmentos de una entrevista realizada al escritor Alejo Carpentier, retomada años después para Los días de una casa)

“Fuimos criados en un ambiente de soledad muy grande. No se nos permitía intercambiar con amiguitos. En esto hubo una severidad muy grande. Pero después, cuando mis padres se divorciaron y quedar mi madre al frente de la casa y de todos nosotros, ella aflojó un poco más la mano, permitiéndonos vivir entonces a nuestras anchas; que nos creáramos un mundo en aquella casa (…)De Alejo, a mí me chocaba su forma de hablar; lo notaba un poco fingido con su acento francés. Pero, independientemente a eso, para nosotros él era una visita muy grata. Siempre lo hallamos un poco ausente, aunque él decía que los ausentes éramos nosotros…Sin embargo, para nosotros era él, a quien siempre observamos como alguien un poco distraído. Alejo tenía una cultura muy vasta, sobre todo una gran cultura musical (…) Federico (García Lorca), tenía una personalidad que se le salía por los poros, los ojos, las manos… Era radiante, irradiaba toda su personalidad”. (Fragmentos de una entrevista realizada a Dulce María Loynaz, Premio Miguel de Cervantes, retomada años después para Los días de una casa).

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